Hatha con Corazón

La actitud del corazón es lo más importante

– Chaitanya

Sin lugar a dudas, la práctica hace al maestro; definitivamente es lo que nos reconfirma Chaitanya Nitai Das, quien se inició en este camino desde los 18 años y lleva ya más de 25 aprendiendo y enseñando yoga.  Un recorrido de tantos años,  le confiere autoridad para recordarnos que se practica yoga  “como una manera de expresar el espíritu, de conectarnos internamente y de recordar quiénes somos realmente, no sólo para tener una buena salud”.

Con un estilo respetuoso, claro y amoroso, es profesor de Hatha Yoga y Astrología Védica, también un devoto del Bhakti, temas que conjuga diariamente y compartirá como Director del Profesorado de Hatha Vinyasa en Aguadulce. Su técnica prioriza la correcta postura y la biomecánica del cuerpo humano, un término asociado al yoga relativamente hace poco tiempo; según lo afirma, permite entender que el cuerpo físico se mueve de una manera saludable cuando existe armonía entre los movimientos y cuando cada parte se conecta de manera apropiada con su base.  Por esto, enseña con dedicación los alineamientos y aspectos a tener en cuenta en cada postura para cuidar el cuerpo y evitar posibles lesiones.

Durante una sesión de yoga, lo más importante para Chaitanya es la actitud del corazón, a eso se refiere cuando afirma  “hacer yoga es fácil, hacerlo bien es otra cosa”.  Su invitación es prestar atención a cada detalle, cada parte cuenta, porque todo se complementa e integra durante una postura; es indispensable conducir cada movimiento desde la respiración, manteniendo fluidez, libertad y enfoque.

“Presionar, empujar las cosas, muchas veces te llevan a un lugar de tensión y frustración”  ésta es la lección más grande que le ha regalado la práctica durante todos estos años y que comparte con sus alumnos. Gracias a este aprendizaje, ha entendido que todo llega a su debido tiempo “bajo ninguna circunstancia uno debe perder el entusiasmo por la belleza y la práctica del yoga”, existe un orden divino en la naturaleza que se encarga de dar rumbo a las cosas y mostrarnos cuál es nuestro rol.

Y a quienes tienen la curiosidad por acercarse a esta inspiradora práctica, los motiva a dar sus primeros pasos: “se trata de sensibilizar nuestro ser, de aprender a crear más armonía con nosotros mismos y con el medio ambiente.  Todo empieza por respirar, vivir y comer bien”, teniendo siempre presente la importancia de las posturas para liberar tensión física y emocional.

Iniciado en la tradición védica por sus maestros S. Atulananda A. y S. Guru Maharaj, para Chaitanya, éste fue un regalo de Dios, una búsqueda que empezó cuando nació su primer hijo  “quería entender quién era ese nuevo ser, como padre quería entender su carácter, cómo sería su expresión y necesidad mental y emocional. Y sobre todo por qué áreas de la vida se sentiría atraído”.  Ahora, la Astrología Védica es una herramienta importante para conocer mejor a las personas que lo rodean y a través de ella, poder ayudarles a entender su misión en la vida.

Como profesor de yoga su búsqueda es compartir y trasmitir a los estudiantes la posibilidad de abrir nuevas puertas de entendimiento para llevar una vida más completa y satisfactoria.  “Hacerles saber que se puede ir más allá de las expectativas y las limitaciones, aprendiendo a amarnos tal como somos en nuestra esencia, sat: eternos, cit: conscientes, ananda: jubilosos”.  Para Chaitanya, la mente y el ego  han ganado mucho espacio en el Ser Humano, manteniéndolo en cautiverio y cubriendo su verdadera identidad.  Eso sí, como buen maestro, nos recuerda que en nuestras manos está la decisión de retomar el rumbo: “cuando decidamos mantener y desarrollar la práctica del yoga, gradualmente, la esencia de las cosas se revelará”.

Chaitanya Nitai Das (Perú) / Pionero del Ashram Eco Truly en Lima y Director de yoga Inbound International, Yoga Inbound Cusco y Miami. Ha vivido en ashrams de Suramérica, India y Estados Unidos practicando y enseñando Ashtanga Vinyasa, Hatha Yoga y Bhakti, así como Astrología Védica por más de 25 años.

 

escrito por: Luisa Ortiz, Quito . Julio 2016